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11 de Noviembre, 2013

Federico Morello: “La tarea de eliminar las operaciones fraudulentas recae en los usuarios”

Hasta el año ’98, la mayoría de las transacciones en el mercado FX eran por teléfono, en el llamado mercado de puntas. Uno llamaba a alguien y le pedía una punta por 100 millones, luego le daban el precio de compra y de venta. Ahí había una obligación moral de cumplir esos precios. De ahí, los mercados comenzaron a migrar hacia las plataformas electrónicas, como el Datatec de la Bolsa Electrónica y el OTC de la Bolsa de Comercio. Ahora todo es virtual”.

Así ha visto el subgerente de Economía y Renta Fija de BCI Estudios, Luis Felipe Alarcón, el profundo cambio que ha habido en la manera de realizar operaciones bursátiles en Chile y el mundo en los últimos 15 años.

Si antes era común ver la Bolsa de Santiago llena de operadores transando presencialmente acciones y otros instrumentos, hoy las ruedas de la bolsa están prácticamente vacías durante la jornada. Casi la totalidad de las transacciones se realiza de manera virtual y vía telefónica, con corredores cómodamente sentados en sus oficinas.

La típica imagen del ajetreo diario de Wall Street que copaba las películas, es hoy un recuerdo lejano.

Y los analistas coinciden en que la naturaleza virtual e inmediata de las plataformas bursátiles ya alcanzó un punto sin retorno. El futuro de las transacciones bursátiles es sinónimo de instrumentos como las bitcoin, los Exchange Traded Funds (ETF), y los derivados, entre otros.

Pero en conjunto con los nuevos instrumentos, asoman desafíos para el mercado, a nivel de confianza y regulación. En este contexto, las bitcoin están en el centro del debate y también de la polémica.

La moneda de la anarquía

Bitcoin se conoce como “la moneda de Internet” o la “divisa sin Banco Centrar Nacida en 2009, es un software en el cual los usuarios, a través de seudónimos, transan una divisa virtual que tiene un valor nominal y con la que se pueden adquirir bienes y pagar servicios reales, pero que no es regulada por ninguna autoridad, la cual, en teoría, es la encargada de administrar la oferta monetaria.

Si bien se le conoce como la “moneda anárquica”, dada su naturaleza “libre”, lo cierto es que la divisa tiene ciertas limitaciones: no se pueden emitir más de 21 millones de bitcoin. Es tal el éxito del tipo de cambio, que ya circulan alrededor de 11 millones de unidades en la web.

“La moneda circula sin bancos como intermediarios y los usuarios utilizan seudónimos. Al no existir bancos para validar las transacciones, más este seudo anonimato, la tarea de eliminar las operaciones fraudulentas recae en los usuarios”, explica Federico Morello, socio de Consultoría en Gestión y Tecnología de EY.

Sin embargo, no todo es color de rosa para la nueva moneda. Si bien la divisa es muy líquida, se caracteriza por su alta volatilidad, por lo que algunos expertos auguran que la próxima burbuja podría ser la de los fondos que invierten en estos instrumentos.

De hecho, el 10 abril de este año, la principal bolsa de bitcoin, Mt.Gox, detuvo sus transacciones ante el retroceso de 46% que registró la moneda, pasando a cotizarse desde US$ 230 a US$ 123,40 en sólo una sesión.

Asimismo, la capacidad de anonimato que dan las bitcoin ha alertado a algunas autoridades sobre el uso de la divisa para financiar tráfico de drogas o actividades ilícitas como el terrorismo o las apuestas ilegales.

Según un informe de la revista Forbes, el 75% de las transacciones pagadas mediante bitcoin corresponde a ventas ilícitas, mientras que el FBI señala que el tipo de cambio fue utilizado para lavar dinero de todas partes del mundo en Estados Unidos.

“Todavía existen muchas incertidumbres frente al aumento de la regulación bancaria, y muchos riesgos sin resolver como, por ejemplo, el lavado de dinero y violaciones de la seguridad por parte de hackers, cada vez más interesados en obtener posesión ilegal de bitcoins. Con todo, el futuro mostrará si las bitcoin tienen realmente la oportunidad de ser aceptadas como una forma de pago universal”, comenta Andreas Wiechert, socio consultor de Equation Partners.

Similar opinión tiene el director de Inversiones de LarrainVial AGF, José Manuel Silva. “Si las autoridades no validan un medio de pago, es muy difícil que se masifique porque, para tener un respaldo legal que dé confianza, la gente requiere un respaldo jurídico. Si esa venia no existe y las autoridades le hacen la guerra, es difícil que ese medio de pago pueda agarrar vuelo”.

Los otros instrumentos

Pero no sólo los bitcoin serán tendencia a futuro. El análisis en el mercado es que vehículos como los ETF y los derivados continuarán creciendo a buenas tasas a medida que la alta liquidez y los bajos costos de transacción se consoliden como el principal valor agregado de las nuevas plataformas.

El gerente general de Octogone, Manuel Bengolea, destaca que los ETF -instrumentos que replican el rendimiento de un índice, como por ejemplo el IPSA chileno-, poseen bajos costos de gestión y adecuados niveles de liquidez que los harán destacar a futuro.

“Creo que los EFT evitan un poco la fricción que asumen los manejadores de fondos, porque son lo que podría denominarse índices tontos: se define el índice y lo emulan. Por lo tanto, efectivamente, uno compra un mercado”, explica.

De hecho, en varios lugares del mundo se han masificado los ETF que replican el rendimiento de los principales selectivos mundiales. En Chile, debutó en septiembre el primer ETF del IPSA y se espera que más administradoras busquen replicar el instrumento lanzado por Banco Itaú.

Por el lado de los derivados -instrumentos que se mueven en la dirección que lo hace un activo subyacente, como una hipoteca-, la situación es un poco más compleja.

Si bien los analistas destacan la capacidad de innovación que genera el instrumento, lo cierto es que el riesgo y el estigma de haber sido -en parte- los causantes de la última crisis financiera mediante derivados de hipotecas subprime, limitan su desarrollo futuro.

Aunque los beneficios, similares a los de los ETF, también hacen atractivos estos vehículos.

“Los instrumentos del futuro son el trading de derivados financieros, mediante distintas plataformas electrónicas, en donde las barreras de entrada para operar -precio y requerimientos de capital- son mucho menores y los niveles de liquidez son sumamente amplios”, prevé Tania Rendic, ejecutiva senior de Inversiones de FXCM.

Las batallas que se vienen

Aunque el futuro se ve promisorio para los nuevos instrumentos de inversión, en vista de que sus beneficios coinciden -dicen en el mercado- con las necesidades de los inversionistas en los próximos años, lo cierto es que en la industria están en alerta.

Las lecciones que dejó la crisis de 2008, caracterizada por la desregulación y el intensivo uso de instrumentos sofisticados con dudable manejo de riesgo, han llevado a autoridades de Estados Unidos y Europa, principalmente, a reponer muchas de las barreras que derribaron a fines de los noventa para desarrollar el mercado financiero que al día de hoy conocemos.

“El tema de la regulación aún no es un capítulo cerrado, en ninguna parte del mundo. Es más, en Estados Unidos la regulación irá creciendo. En Europa falta mucho todavía por ver en términos de regulación, ya que aún tienen que hacer reestructuraciones económicas importantes y de ahí podrán discutir sobre cómo regulan el mercado financiero”, advierte Bengolea.

Similar opinión tiene Silva, para quien a futuro se terminará pagando el costo de la desregulación que derivó en la crisis subprime.

“El mundo está entrando en una etapa de mayor regulación después de la crisis financiera. Eso hace que la innovación sea un poco más lenta”, plantea.

Para Morello, las bitcoin tendrán un rol principal en el proceso de mayor regulación del mercado financiero a futuro.

“Las regulaciones que hoy se están evaluando para supervisar estas monedas virtuales en países como Estados Unidos, Alemania o Israel, se enfocan en la prevención de lavado de dinero y de operaciones como el tráfico de drogas o el contrabando de armas. Otro de los temas que las regulaciones buscan resolver es la tributación. Sea cual fuera la forma en que se traten, las bitcoin podrían generar ingresos que deberían ser gravados”, sostiene.

Fuentes: Diario Financiero
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