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22 de Octubre, 2015

"Más oportunidades y menos riesgos", por Cristián Lefevre

Financiero, Operacional, Regulatorio, Ciberseguridad y Reputacional. Esos son los cinco principales riesgos que identifican las empresas más importantes de 63 países, entre ellos Chile, en el último estudio de EY “There´s no reward without risk”. Estas respuestas son un reflejo de lo que está sucediendo actualmente en el mercado, donde encontramos cada vez más exigencia de transparencia por parte de los stakeholders y una serie de cambios regulatorios, tanto a nivel local como mundial.

En este escenario, la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) lanzó recientemente la Norma de Carácter General N°385, la cual establece justamente una serie de buenas prácticas que deben cumplir las compañías para contar con gobiernos corporativos eficientes. Entre ellas se encuentran buenas prácticas de sostenibilidad (como de relación comunidad-empresa, por ejemplo), de prevención de fraudes y gestión de riesgos en general.

Esta sin duda es una medida muy positiva, pero es sólo el primer paso que deben dar las compañías para desarrollar un plan de gestión de riesgos integral. De acuerdo con el reporte de EY recién citado, un 97% de los consultados afirma que ha progresado en alinear su gestión de riesgos con los objetivos del negocio, pero sólo el 16% considera que ese alineamiento es efectivo actualmente.

Fundamental para avanzar en ese último punto es que las compañías categoricen sus riesgos, principalmente en tres grupos: estratégicos, preventivos y externos.

1. Estratégicos: Estos riesgos son los que se deben aceptar porque –aunque, valga la redundancia, tienen riesgos- traen beneficios para el negocio. Algunos de ellos son, por ejemplo, la adaptación al mundo digital (redes sociales y plataformas móviles utilizadas por usuarios); rentabilidad sobre los activos (gestión eficiente de una adquisición) y gestión de talentos.

2. Preventivos: Son los que tienen que ser evitados o mitigados por sus efectos negativos. Entre éstos se encuentran, por ejemplo, los fraudes tanto internos como externos; la vulneración de información y la falta de cumplimiento con las normativas tributarias.

3. Externos: No pueden ser controlados, sin embargo, de acuerdo a cómo se enfrenten pueden generar efectos negativos u oportunidades. Entre estos riesgos se encuentran las acciones realizadas por la competencia para bloquear el ingreso de compañías a los mercados; cambios geopolíticos; desastres naturales y cambios regulatorios.

Para enfrentar estos riesgos de forma efectiva, en el caso de los estratégicos, las compañías deben centrarse en la búsqueda de oportunidad y hacer un balance entre el riesgo y el beneficio que entrega.

En el caso de los preventivos, es fundamental contar con un plan de control de riesgos. Entre las acciones recomendadas se encuentra acciones de prevención de fraudes y reacción rápida en el caso de que éste ocurra. Las primeras 48 horas de investigación son claves. El fraude tiene un alto costo para las empresas: anualmente, a nivel mundial las compañías pierden un 5% de sus ingresos por este tipo de actos.

En el caso de los externos se debe tener un plan estratégico para enfrentar este tipo de riesgos y, de esa forma, disminuir los impactos que podrían tener en la compañía.

Con un plan de gestión de riesgos integral no sólo se alcanzan los objetivos estratégicos de las empresas, sino que también se fomenta el crecimiento del negocio.

Fuente: Diario Financiero