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11 de Agosto, 2015

"Los SÍ y los NO de los directorios", por Rubén López

¿El directorio de su empresa capacita a los nuevos miembros en materia de conflictos de interés? ¿Cuenta con políticas para la contratación de expertos? ¿El directorio se reúne al menos cada tres meses con el equipo de responsabilidad social de la empresa para analizar cómo se está fomentando la diversidad al interior de la empresa?

Éstas son sólo algunas de las pocas preguntas de las decenas deben empezar a responder los directores de las sociedades anónimas desde que el 8 de junio pasado entrase en vigencia las nuevas normas N° 385 y 386, impulsadas por la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) para fortalecer los gobiernos corporativos de las Sociedades Anónimas Abiertas. Estas nuevas normativas perfeccionan las normas N° 341 y N°30, pues se hacía necesario establecer un estándar más detallado sobre las características que debe tener un gobierno corporativo para ser más efectivo. Con las nuevas normas, la SVS establece con más claridad cuando hay que responder que SÍ a cada pregunta.

El cambio era necesario. Si bien la anterior norma N° 341 fue un buen inicio para promover las buenas prácticas entre los gobiernos corporativos, no generó el movimiento de respuestas deseado entre las empresas del país.

La SVS no hizo de esta autoevaluación una medida obligatoria. La institución estima, y con razón, de que las Sociedades Anónimas tendrán de todos modos los incentivos para llevarla a cabo dado que el mercado tomará en cuenta las repuestas que dan las compañías, ya que justamente el principal objetivo de la nueva autoevaluación es que los inversionistas tomen sus decisiones de inversión privilegiando aquellas sociedades en que sus intereses estén mejor resguardados. Ante esto, las compañías buscarán contar con altos estándares de gobierno corporativo.

La nueva normativa incorpora temas que antes no estaban incluidos, como es el caso del desarrollo sostenible y la responsabilidad social. Estos tópicos se hacen de gran relevancia en un momento en que la relación comunidad-empresa se ha convertido en un elemento clave para las inversiones de las compañías. Además, impulsa la diversidad profesional y de género en los directorios, con el fin de que haya miradas diferentes y, por lo tanto, soluciones más efectivas a los problemas que podrían enfrentar las empresas de nuestro país.

Esta autoevaluación sin duda tendrá un importante costo de tiempo para la compañías –las cuales deberán prepararse para responderla- pero por sobre todo de capacitación para los directores, en temas como sostenibilidad, fraude y riesgos, lo que claramente es un efecto positivo.

Los planteamientos de la nueva normativa refuerzan el deber de cuidado que deben tener los directores de empresas. Es decir, la obligación que tienen de emplear en su ejercicio el mismo cuidado y diligencia que aplican en sus propios negocios; el deber/derecho de estar informados, mientras la administración de la empresa tiene el deber de mantener informados a los directores.

Algunas de las principales preguntas que deberían plantearse los directorios ante esta nueva normativa son:

-¿Su directorio y la administración conocen la nueva circular y la implicancia de sus respuestas?

-¿Sabía que un director es responsable personalmente de las respuestas entregadas en la autoevaluación?

-¿Ha evaluado cómo podrían afectar estas respuestas el valor de su compañía en el largo y mediano plazo?

-¿Su directorio posee un mecanismo efectivo para monitorear lo contestado en la autoevaluación sea implementado y se esté aplicando?

Quedan cinco meses para contestar esta nueva autoevaluación. Los requerimientos para poder contestar “SÍ” a las prácticas que solicita la SVS son más altos que antes y por eso las compañías deben comenzar a prepararse desde hoy.

Fuente: El Mercurio Inversiones