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5 de Abril, 2018

Invertir y desinvertir en 2018 y 2019

Desinvertir podría ser una tendencia en los años venideros. Estadísticas correspondientes al año 2018 indican que el 43% de las compañías espera desinvertir en alguna línea de negocio en los próximos dos años. Esta tendencia se está viendo impulsada por la conjunción de diversos fenómenos.

Los cambios tecnológicos han impulsado los planes de desinversión de las empresas. En éstas materias la desinversión está fundamentalmente empujada por la transformación digital seguida por tendencias de la industria de la tecnología como el uso de la nube y el software como servicio acompañados de fuertes cambios en las preferencias de los consumidores y disponibilidad de nuevas tecnologías. Estas tendencias han impulsado a las empresas a identificar el valor de su componente tecnológico versus el geográfico impulsando la decisión de disponer del uno o del otro. Mayoritariamente, las empresas que esperan realizar desinversiones guiadas por motivos tecnológicos y de tendencias de mercado tienen una evaluación positiva del fenómeno y entienden que estos procesos los llevarán a avanzar en la senda estratégica de crecimiento.

La disposición a desinvertir también se encuentra alimentada por los cambios económicos y geopolíticos que vivimos. La incertidumbre macroeconómica a nivel global, incluido la incertidumbre cambiaria, en temas petroleros y el bajo crecimiento sostenido lleva al replanteamiento de los negocios a mantener.
Coopera también la inestabilidad geopolítica creciente que se manifiesta en fenómenos como la imposición de medidas proteccionistas en materias arancelarias y de política monetaria sumados a una creciente y ahogante regulación. Dentro de los cambios político económicos, el factor tributario no ha dejado de ser un aliciente para llamar a los inversionistas a desinvertir en ciertas jurisdicciones con fuertes cargas tributarias. Por otro lado, años económicamente más complejos a nivel global han forzado a aprender de los errores y han llevado a las empresas a hacer revisiones estratégicas aceptando que se aferraron por demasiado tiempo a activos de los que debieron haber dispuesto hace bastante tiempo. En general las empresas que pretenden llevar a cabo desinversiones por razones de inestabilidad macroeconómica o política reportan una evaluación subóptima de su situación. Entienden que la situación política imperante o la postergación de decisiones las llevará a un proceso de desinversión poco programado y bajo presión de tiempo que les permitirá muy poco margen para obtener el resultado que desearían.

Los análisis estratégicos ya referidos han impulsado a comprender como la desinversión por separado de ciertas líneas de negocio puede permitir lograr mayores precios en las ventas en comparación con lo que estaban logrando obtener mediante negocios que en sus origines se entendieron integrados. Lo anterior, sumado a un manejo económico con más conciencia de crear valor permanentemente también está atrayendo mayor cantidad de ofertas que se espera se concreten en desinversiones prontamente.

Chile

Fuente: El Mercurio